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El anillo perdido |
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Ni siquiera la templada brisa se dio cuenta de lo plateado que estaban aquellos alegres cisnes, que se bañaban en tus ojos! ¡ni siquiera!
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Ni siquiera la angélica tarde oyó aquellas carcajadas chapadas de oro y miel, que corrían las aceras de una solemne locura.. ¡ni siquiera!
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Ni siquiera me fijé que tenías dos gigantes alas de marfil blando, hasta que, rodeado, tragado.. y llevado, vi lo pequeño que se veía la ciudad abajo!
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ni las frías mentiras de una lujosa magia, ni siquiera las calientes conjuras de un ángel a punto de caer, llenarían las palabras de color y pólvora como las llenas tú! ¡ni siquiera!
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Ni siquiera el redondo, vacío y perdido anillo conoce mi perdición, ni el camino de vuelta a tu índice ¡ni siquiera!
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¿Cuántas patas necesita la ancha y brillante mesa de la vida? ¡cuántas hojas blancas habría que llenar para posarme como un punto elegante sobre tus bellas (i)es!
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¿Cuántas palomas suelta tu sonrisa? ¿y cuantos soles caben en la palma de tu fuerte mano?
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ni siquiera fueron cuatro estaciones aquellas horas de aire y fuego.. ¡ni siquiera!
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dame otra vez tu mano de cristales tibios y dibújame nuevos (nortes).. píntales dos ojos a mis ciegos peces, y cuarenta carros inmensos a mi única rueda!
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Madrid 2004 |
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